La obra literaria de Felipe Montes transcurre en Monterrey y su región




La saga, el poema épico, el cantar, la rapsodia, la suite, el libro sagrado, la novela río…

Desde el punto de vista del periodista Ricardo Harden Cooper, Felipe Montes «construye una sola obra general cuyo universo literario condensa los mitos y la vida cotidiana que coexisten y se entremezclan en su natal Monterrey y su región», por lo que su obra es una sola, dividida en grandes fragmentos que constituyen, por sí mismos, obras menores independientes. En conjunto, la totalidad de estos fragmentos conforman Monterrey, nombre de la obra completa de Montes.

Actualmente, las obras independientes que integran Monterrey se agrupan en cinco grandes partes:



Sobre su producción literaria, él ha dicho: «Desde los trece años me prometí hacer una gran obra sobre Monterrey. Primero pensé en hacerla fantástica; luego descubrí que sí había mucho que contar sobre el pasado y la realidad. A los dieciocho inicié una colección de libros y documentos acerca de la región con miras a crear un tejido de historias sobre la ciudad; un poema épico».

El estilo

El estilo de Felipe Montes se considera poesía narrativa. En cada libro emplea diferentes tonos, los cuales se caracterizan por el empleo de metáforas, descripciones sensoriales, estructura narrativa cronológica, realismo mágico y crudo, escenarios reales y cambios de atmósfera.

En su obra literaria mantienen una fuerte presencia los elementos de la naturaleza, entre los que destacan los árboles y los vertebrados, además de seres fantásticos, entre ellos demonios y ángeles.

Parte fundamental de la obra de Montes es la investigación. Por ejemplo, para la creación de sus novelas El Evangelio del Niño Fidencio, El Enrabiado y Yerbabuena, el autor estudió a fondo los contextos sociohistóricos de cada narración para intercalar con la ficción elementos extraídos de archivos, libros, testimonios orales y otras fuentes de información.

Muestra influencias de El Cid y del Amadís de Gaula, de las obras poéticas de Alonso de Ercilla, Luis de Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, José Hernández, Juan Zorrilla de San Martín, Federico García Lorca, César Vallejo, Vicente Huidobro, Bernardo Ortiz de Montellano, Xavier Villaurrutia, Pablo Neruda y Rafael Alberti, y de la obra narrativa de Juan Ramón Jiménez, Horacio Quiroga, Camilo José Cela, Juan Rulfo, Rafael Sánchez Ferlosio, Gabriel García Márquez, Gustavo Sáinz y Luis Britto García

Monterrey en el realismo mágico

El realismo mágico es una de las más importantes aportaciones que ha hecho la hispanidad a la cultura universal. Sus rasgos, de diferentes procedencias, se han heredado a muy distintas expresiones artísticas contemporáneas. El realismo mágico es un orgullo que toda la hispanidad debe saber aquilatar, y es oportuno honrar su tradición a través de la continuidad y de la evolución.

Es de llamar la atención que un lector medio podría citar no más de cinco novelas claramente enclavadas en dicho género. De manera infalible, se mencionará Cien años de soledad; en segundo lugar, lo más probable es que se escuchen los nombres de La casa de los espíritus y de Como agua para chocolate. Por desgracia, ya es poco probable que se aluda a Los recuerdos del porvenir, y resulta doloroso darse cuenta de que las magistrales obras de Arturo Uslar Pietri, Alejo Carpentier y Miguel Ángel Asturias escapan ya a muchas memorias.

Monterrey se construye sobre ese cúmulo de obras que han sentado las bases de la peculiar estética del realismo mágico, y lo hace a través de las siguientes características:
  • El interés por explorar, aprovechar y ofrecer a los lectores elementos afines y cercanos a la estética tradicional del realismo mágico.
  • La naturaleza y el volumen de la integración de los elementos fantásticos, con el fin de elaborar una narración fina y potente a la vez.
  • La naturalidad con que dichos elementos mágicos aparecen en la narración, de modo que, como es tradicional, no llamen la atención de sus personajes y sí ofrezcan una experiencia de extrañamiento a los lectores.
  • El enriquecimiento en cuanto a la variedad de dichos elementos fantásticos, de origen específicamente norestense mexicano.
  • La investigación histórica transformada en dramas humanos.
  • El cruce de un realismo más extremo con una magia más rica. El realismo más extremo toma ejemplo, principalmente, de las obras de Horacio Quiroga (casi todos sus cuentos) y de José Revueltas (El apando y varios cuentos suyos); la magia más rica aprovechará aportaciones como las de José de la Cuadra (Los sangurimas), Rafael Sánchez Ferlosio (Industrias y andanzas de Alfanhuí) y Wenceslao Fernández Flórez (El bosque animado).
  • Un aprovechamiento de mayor presencia, narrativamente, de hallazgos realizados por los autores más clásicos de este subgénero. Un ejemplo claro es el de la aparición de seres alados, como en Un hombre viejo con unas alas enormes, de Gabriel García Márquez, mas dotándolos de dramas personales más prolongados.
  • La combinación, durante toda la obra, de ambientes rurales y urbanos. Por un lado, haciendas, ranchos y quintas; por el otro, las edificaciones que se han construido en Monterrey en el lustro reciente, y cuya altura sobrepasa los trescientos metros.

    El realismo mágico de Monterrey

    Gran parte del fondo de la trama de Monterrey se basa en la pugna entre las comunidades rurales procedentes de rancherías y aquellas comunidades urbanas que habitan la metrópoli. Con párrafos narrativos más correspondientes al realismo mágico tradicional, Felipe Montes describe, por citar un ejemplo, el ambiente de las haciendas, las costumbres de sus moradores y los elementos naturales que las rodean; por su parte, y con párrafos más asociados con la literatura de las tres novelas de Ernesto Sabato y la poesía de Efraín Huerta, muestra al lector el brutal entorno de los rascacielos.

    De esta manera, el violento encuentro entre campo y ciudad, entre tradición y modernidad, entre poesía lírica y prosa cruda, tanto la forma como el fondo de Monterrey contribuyen con el efecto global.

    Así, en Monterrey, este universo que compone el total de la obra literaria de Felipe Montes, el estilo y la trama, expresan el dolor del encontronazo, la mezcla, la consiguiente hibridación y los resultados que conlleva vivir en este mundo.

    Fuego en el Campo del Dolor: la controversia de El Evangelio del Niño Fidencio

    Para componer El Evangelio del Niño Fidencio, Felipe Montes afirma:

    Hace aproximadamente doce años empecé a investigar, y desde hace cuatro años, en 2003, cuando acabé con El Enrabiado, he avanzado en su composición. Pero ha crecido a mil quinientas páginas, ha disminuido a ochocientas, y tengo ahora algunas otras crisis.

    Originalmente, El Evangelio del Niño Fidencio se presentaría en Espinazo, Nuevo León, México, el 17 de octubre de 2008, con motivo del octogésimo segundo aniversario del nacimiento espiritual del curandero. Sin embargo, Ramón Ariel González López, hijo de doña Fabiola López de la Fuente, la dirigente de la Iglesia Fidencista, impidió personalmente, con agresiones y amenazas, que el evento se llevara a cabo debido a inconformidades de la asociación religiosa con pasajes de la obra.

    Los principales desacuerdos por parte de los líderes de la Iglesia Fidencista iban encaminados al uso de nombres reales de los familiares de Enrique López de la Fuente, quien adoptó a Fidencio como su hijo, así como el uso de recursos literarios en la narración. Uno de los pasajes mencionados por González López, el cual consideró como una «ofensa», es el del nacimiento del Niño Fidencio, en el que se menciona que, en su vientre, la madre espiritual sintió «un Pedazo De Carne, un Pez, un Gato, un Lechón».

    Los representantes de la organización religiosa acordaron someter a revisión el texto de Montes para hacer las correcciones que creyeran pertinentes. Por su parte, el autor consideró mantener la edición original para todo el público y editar una versión especial para la Iglesia Fidencista. A la fecha no se ha editado la versión aprobada por el grupo religioso.

    Los líderes de la Iglesia Fidencista amenazaron con llevar camiones de pasajeros con más de mil fieles a su religión hacia Monterrey, en caso de que Montes decidiera realizar la presentación programada, con el fin de impedirla.

    A pesar del desacuerdo entre ambas partes, y de estas amenazas, y en medio de un fuerte dispositivo de seguridad aportado por el gobierno de Nuevo León, El Evangelio del Niño Fidencio se presentó oficialmente durante la Feria Internacional del Libro Monterrey 2008, el domingo 19 de octubre, al cumplirse setenta años del fallecimiento del taumaturgo, y desde entonces se ha vuelto a editar y se ha presentado en seis países.




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